¡Muy buenas a todos! Hoy traigo una reseña sobre uno de mis
libros favoritos. Es muy controvertido, y tal vez no apto para todo tipo de lectores.
Es una novela que tanto la trama, la forma en la que está escrita, el lenguaje,
todo me parece tan interesante que lo leo mínimo una vez al año.
Lolita – Vladimir Nabokov
La historia de la
obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es
una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes
explosivos: la atracción «perversa» por las nínfulas y el incesto. Un
itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una
estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo
desenfrenado, por el propio Humbert Humbert.
Creo que a pesar de la trama que nos presenta, algo turbia y
grotesca según la persona que lo lea, hay pocos libros con unas frases como las
de este libro. Son musicales, describen todo a la perfección. No podemos
olvidarnos de las primeras líneas del libro. Cómo nos presenta el argumento:
Lolita,
luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta
de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en
el tercero, en el borde de los dientes. Era Lo, sencillamente Lo, por la
mañana, cuando estaba de pie, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre
un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los
pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis
brazos fue siempre Lolita.
Humbert nos va a contar en primera persona la historia. La
historia de su obsesión con Lolita. Nos va a conseguir engatusar al describir a
Lolita, la primera vez que la ve. La primera vez que está sentada a su lado. La
belleza en las descripciones que nos hace Nabokov consiguen que nos olvidemos
durante unos segundos de la diferencia de edad, del tema tan macabro que nos
presenta con esta atracción.
Nos queríamos con amor
prematuro, con la violencia que a menudo destruye vidas adultas.
Pero también vamos a poder ver la crítica que nos está
enseñando Nabokov a la vida americana de la época. La vida corriendo de un lado
a otro, de un motel a otro sin importar nada más
Lo que más me ha llamado siempre la atención del libro es
que está escrito en primera persona, sí. Pero nuestro protagonista está
contando su historia a un jurado. Es curioso cómo se defiende a sí mismo en el
tema relativo a Lolita, como no se considera culpable de esos sentimientos.
Ahora hay que ser
científico si se quiere ser asesino. No, yo no era una cosa ni la otra. Señores
y señoras del jurado, la mayoría de los delincuentes sexuales que anhelan un
contacto palpitante, suavemente plañidero, pero no forzosamente copulativo, con
una jovencita, son extranjeros inocuos, inadaptados, pasivos, tímidos, sólo
piden a la comunidad que les permita observar su comportamiento inofensivo y
soi-disant aberrante, sus ínfimas, cálidas, húmedas manías privadas de
desviación sexual, sin que la policía y la sociedad caiga sobre ellos. ¡No
somos demonios sexuales! ¡No violamos como los buenos soldados! Somos
caballeros tristes, suaves, con ojos de perro, con bastante demonio para
sofrenar nuestra ansiedad en presencia de adultos, pero dispuestos a dar años y
años de vida por una sola oportunidad de tocar a una nínfula. Hay que
descartarlo: no somos asesinos. Los poetas nunca matan.
Si os atrevéis a leerlo, puedo asegurar que es un libro que
sorprende, que engancha. Es una trama que vemos tan irreal, que no conseguimos
dejar de leer las palabras de Nabokov. Llegas a un punto en el cual piensas;
¿Quién ha jugado con quién? ¿El adulto con la niña, o la niña con el adulto?


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